Attribute Type Value
text string 'Comunicación'
url string '/content/view/full/246'
url_alias string 'Comunicacion'
node_id string 246

Seguridad en la caza con los más pequeños

Seguridad en la caza con los más pequeños

Artículo escrito por nuestra colaboradora Bea Alcoya de la Federación Riojana de Caza.

La caza, esa forma de vida que nos devuelve al origen de nuestra existencia como parte importante del ciclo de la vida, de la cadena trófica, esa forma de vida que contribuye a la evolución, al desarrollo a la supervivencia.

Si nos tuviéramos que remontar a los orígenes de la caza, si nos tuviéramos que preguntar ¿Cuándo empezó?  Y ¿Por qué?, tendríamos que trasladarnos mentalmente hasta los principios de la humanidad, hace millones de años.

¡A que es increíble como esta forma de vida se ha mantenido a lo largo del tiempo!, obviamente la caza en sus inicios y la caza actual poco tienen que ver en su manera, pero siguen teniendo el mismo sentido, el desarrollo, la supervivencia y el mantenimiento del equilibrio.

Y diréis, ¿que tiene que ver todo esto con la seguridad en la caza con los más pequeños?

Pues bien… Comenzare por el principio y os prometo que al final de este articulo encontrareis la similitud entre el ejemplo anterior y el tema que nos ataña.

Creo que no hace falta que me presente de manera más profunda, pero para aquellos que todavía no se hayan topado con alguno de mis artículos os diré que llevo cazando desde que mi memoria me permite recordar. Comencé como la gran mayoría, de morralera de mi abuelo, cuando todavía no podía seguir los pasos de mi padre, tendría 5 o 6 años cuando los campos Riojanos de mi querido Alfaro comenzaron a conocerme dando más traspiés que pasos ligeros, pero siempre con la fuerza y voluntad de querer continuar, de tener el valor de no quedarme atrás, de seguir los pasos de ese gran cazador de perdices que me abría camino entre los romeros. Mi padre.

Esa figura de superhéroe, que al mismo tiempo que me hacía sudar la gota gorda, me daba clases magistrales sobre los rastros de los conejos, las huellas de los corzos o el inconfundible sonido de las alas batientes de las patirrojas en vuelo a la carrera. Era mi ídolo, mi ejemplo a seguir, a día de hoy todavía lo sigue siendo.

De él aprendí este gran arte, pero también aprendí la importancia de seguir las normas.

Y es que si algo hemos aprendido a lo largo de los años es que lo más importante en la caza es poder compartirlo, poder contarlo y poder volver.

Recuerdo firmemente como mi padre me daba instrucciones claras antes de comenzar nuestra carrera tras la reina de la menor o cuando nos embarcábamos al monte espeso  tras el rastro de los guarros.

“Mantente detrás de mí, nunca te adelantes, no te pongas en línea de tiro, recuerda ponerte los tapones o los cascos o si no te pasara lo que a mí, perderás audición y perderás para siempre el precioso canto de la codorniz en verano. Acuérdate del chaleco naranja, los animales no podrán verte, pero nuestros compañeros siempre podrán localizarte, no te muevas del puesto.  Sigue la mano y comunícate con el resto de cazadores. Mantén el seguro puesto en todo momento y lo más importante nunca tiraremos y repetía fuertemente ese NUNCA, sin antes ver que es lo que tenemos delante, cuando sepas si es corzo, ciervo, jabalí o perdiz y conejo, y no hay nada más en la línea de tiro que nuestra arma y el animal, entonces y solo entonces podremos disparar”.

Después del discurso matutino de mi progenitor comenzábamos nuestro paseo campestre, muchos eran los días que volvíamos sin nada en el morral, algunas veces por los fallos, otras por que la suerte no había estado de nuestro lado, pero siempre el mensaje era el mismo.

“Hija mía lo importante no es lo que pesa nuestro morral, lo importante es lo que pesan nuestros recuerdos”.

Recuerdo que como niña pequeña que era, todavía me costaba entender aquellas palabras y en mi cara se reflejaba la frustración por un día poco fructífero de caza, ¡Pero como no iba hacer caso a mi superhéroe, él siempre tenía la razón!

Los años han pasado, la caza sigue siendo mi vida, mí día a día y la de mi familia también. Ahora tengo un hijo y es mi turno de repetir y hacerle entender el mensaje de mi padre. Transmitirle la importancia de la caza, pero sobre todo transmitirle que lo más importante es poder compartirlo y poder volver cada fin de semana a generar recuerdos por los campos Riojanos. Y que ese mensaje pase de generación en generación como la caza llego a nosotros.

Recuerda, ponte el chaleco naranja, no te olvides los cascos, respeta la distancia, pon siempre el seguro, no te muevas del puesto, comunícate con los demás, asegúrate de la pieza a la que vas a disparar y sobre todo ten claro que ninguna pieza vale más que cualquier vida.

¿Y a que venía todo esto?, El mensaje es muy sencillo al igual que la caza se ha convertido en algo innato en el ser humano, la seguridad en la misma debe convertirse también en algo innato en nosotros y sobre todo en algo innato en las generaciones venideras.

Por qué lo más importante siempre es volver.

PSX_20191124_195548

3 comentarios

  • Juan Gandullo Lara

    Gran artículo, pero aún más son tus palabras para tú superhéroe.

    19 septiembre, 2020
  • DALNOSHeMdRbn

    zvCtBxyJqnITdXO

    13 septiembre, 2020
  • yliPNWMEuSebR

    BnQwgTNUear

    13 septiembre, 2020

Enviar comentario

proteccion datos 2018

Si necesita más información sobre nuestra política de privacidad, consulte el siguiente enlace: Política de privacidad