Sociedad de Cazadores Crestagallo de Almargen: ver documental completo aquí.
Entre los olivares y cerros de la Málaga interior, donde el campo andaluz guarda todavía su carácter más auténtico, una pequeña sociedad de cazadores lleva años protagonizando una historia que el resto de España debería conocer. Una historia de perdices, de huertos solares, de jóvenes que aprenden a querer el monte y de una ciencia que nace desde abajo.
Desde Mutuasport queremos poner el foco hoy en la Sociedad de Cazadores Crestagallo de Almargen, en Málaga. Una entidad que ha convertido su coto en un laboratorio de conservación, que planta cara a los intereses que amenazan la biodiversidad y que demuestra, una vez más, que los cazadores son los guardianes más comprometidos del territorio rural.
Sociedad de Cazadores Crestagallo de Almargen: campo andaluz con historia viva
Almargen y Cañete la Real, en la comarca malagueña, son de esos pueblos donde la tierra lo es todo. Tierra de labor, de caza, de tradición y de gente que lleva generaciones leyendo el campo con ojos que ningún satélite podría igualar.
Es en ese entorno donde la Sociedad «Crestagallo» ha desarrollado un trabajo que hoy es reconocido como modelo extrapolable para toda Andalucía por la propia Federación Andaluza de Caza. No es un reconocimiento menor. Es el resultado de años de esfuerzo silencioso, de acuerdos con agricultores locales, de madrugones para hacer censos y de una apuesta firme por la ciencia aplicada al territorio.
El Proyecto RUFA: cuando la ciencia ciudadana funciona
Todo arranca en 2020 con una iniciativa pionera en España: el Proyecto RUFA (Red de Cotos Unidos por la Fauna y el Agroecosistema), impulsado junto a la Fundación Artemisan y la Federación Andaluza de Caza.
El objetivo era ambicioso: recuperar la población de Perdiz Roja en el coto de Almargen a través de un enfoque científico riguroso que implicara a todos los actores del territorio. Cazadores, agricultores, investigadores y administraciones trabajando en la misma dirección.
Las dos grandes líneas de trabajo han sido, por un lado, la gestión cinegética sostenible: control de capturas, censos regulares y control de depredadores con métodos selectivos y no letales. Por otro, la mejora del hábitat: siembra de márgenes multifuncionales, instalación de puntos de agua y alimento, y eliminación total del uso de pesticidas y labranza en las zonas de actuación.
Los agricultores locales han sido piezas clave de este engranaje. Cediendo sus tierras al proyecto a cambio de compensaciones económicas aportadas por los propios cazadores —más de 3.000 euros anuales—, han convertido sus parcelas en refugios de biodiversidad. Un acuerdo que habla de generosidad, de confianza mutua y de visión de largo plazo.
Los resultados han sido espectaculares. La población de perdices ha crecido de forma sostenida. Y con ella, toda una red de biodiversidad asociada que convierte el coto de Almargen en un enclave excepcional: águilas reales, avutardas, águilas perdiceras, aguiluchos cenizos… especies protegidas que encuentran aquí las condiciones que necesitan para sobrevivir.
Tan ejemplar ha sido el trabajo, que en octubre de 2024 la Jornada Demostrativa RUFA reunió a representantes de 22 sociedades de caza de 5 provincias andaluzas para conocer el modelo de primera mano. Y las visitas institucionales no se han hecho esperar: la Consejera de Agricultura Carmen Crespo, el Secretario General de Agricultura Vicente Pérez, y los portavoces de agricultura de todos los partidos del Parlamento Andaluz —PP, PSOE, IU, Podemos, Vox, Ciudadanos— han pasado por Almargen y han dado su apoyo unánime al proyecto.
Defender la tierra: el pulso con los huertos solares
Pero no todo ha sido celebrar éxitos. La Sociedad «Crestagallo» ha tenido que librar también una batalla que tiene mucho que decir sobre el modelo de desarrollo rural que estamos construyendo.
La llegada de proyectos de huertos solares a la zona ha supuesto una amenaza directa para el coto demostrativo. Más de 150 hectáreas afectadas por instalaciones que, en nombre de la transición energética, destrozan hábitats naturales, arrasan con la vegetación esteparia y condenan a las especies protegidas que habitan el territorio.
La sociedad no se ha quedado cruzada de brazos. Con el respaldo jurídico y técnico de la Federación Andaluza de Caza, ha presentado alegaciones, ha documentado el impacto ambiental y ha alzado la voz con claridad: apoyamos las energías renovables, pero no a cualquier precio. No cuando el precio es destruir lo que hemos tardado años en construir.
Este caso no es anecdótico. Muchas sociedades de cazadores en toda España se enfrentan hoy a proyectos fotovoltaicos o eólicos que llegan sin una evaluación ambiental suficiente y que amenazan ecosistemas frágiles y valiosos. La FAC ofrece asesoramiento jurídico gratuito para que las sociedades puedan informarse, presentar alegaciones y defender su territorio con todas las herramientas legales disponibles.
El guarda del coto rescató un aguilucho cenizo herido —entregado al CREA para su recuperación— en el mismo entorno que ahora se quiere convertir en campo de placas solares. Esa imagen lo dice todo.
Formar a quienes vienen detrás
La Sociedad de Cazadores Crestagallo de Almargen no trabaja solo para el presente. Trabaja también para el futuro, y eso se nota en su apuesta por la educación y la formación.
En colaboración con el IES Universidad Laboral de Málaga, la sociedad acoge a estudiantes del Ciclo Formativo en Gestión Forestal y del Medio Natural para realizar sus prácticas en el coto. Mantenimiento del hábitat, censos de fauna, trabajo en el Proyecto RUFA, cuidado de comederos y bebederos… los alumnos aprenden haciendo, tutorizados por el guarda y los directivos de la sociedad, en un entorno que es en sí mismo un aula al aire libre.
Pero la apuesta por los jóvenes va aún más lejos. La sociedad colabora activamente con JOCAN (Jóvenes Cazadores Andaluces), cediendo un rececho de cabra montés para sorteo solidario, promoviendo los valores de la caza entre las nuevas generaciones y poniendo todas las facilidades posibles para que los jóvenes puedan acceder a la actividad cinegética. Un llamamiento que extienden al resto de sociedades: si queremos que la caza tenga futuro, tenemos que abrirle la puerta a quienes vienen detrás.
Seguridad: el compromiso que no se negocia
En la Sociedad de Cazadores Crestagallo de Almargen, la seguridad es un pilar tan importante como la conservación o la gestión del hábitat. Porque una caza responsable es, ante todo, una caza segura.
En este punto, la colaboración entre la Federación Andaluza de Caza y Mutuasport cobra todo su sentido. A través de campañas de concienciación, materiales formativos, guías de buenas prácticas y una cobertura aseguradora especializada, trabajamos juntos para que cada jornada de caza sea un ejemplo de responsabilidad: con los compañeros, con el entorno y con la sociedad en su conjunto.
Porque la seguridad en la caza no es solo evitar accidentes. Es también garantizar que la actividad cinegética sea vista por el resto de la sociedad como lo que realmente es: una práctica responsable, regulada y comprometida con el territorio.
Un modelo que merece ser replicado
La Federación Andaluza de Caza lo ha dicho sin ambages: la Sociedad de Cazadores Crestagallo de Almargen es espectacular. Un coto demostrativo cuyo trabajo es extrapolable a toda Andalucía y cuyo compromiso social, ambiental y educativo debería inspirar al resto del sector cinegético español.
Desde Mutuasport compartimos esa valoración y nos sentimos orgullosos de estar al lado de quienes, como los cazadores de Almargen, no se conforman con gestionar un coto. Que construyen comunidad, que cuidan el territorio, que se enfrentan a las amenazas que nadie más ve y que enseñan a las nuevas generaciones a amar el monte.
La Perdiz Roja sigue cantando en los cerros de Almargen. Y en buena medida, es gracias a ellos.




