La mayoría de los cazadores cumple con la ley y contrata el seguro obligatorio antes de salir al campo. Sin embargo, pocos son realmente conscientes de lo limitada que es esa cobertura y del riesgo económico al que se exponen si ocurre un accidente serio durante una jornada de caza.
Actualmente, el seguro básico de responsabilidad civil establece un límite máximo de 90.151,81 € para indemnizar los daños corporales causados a terceros. Esta cifra, que a simple vista puede parecer elevada, resulta claramente insuficiente si se tiene en cuenta que la caza es una actividad en la que se utilizan armas de fuego y en la que un error, por mínimo que sea, puede tener consecuencias muy graves.
¿Es suficiente esa cantidad?
La pregunta es inevitable. ¿Basta con algo más de 90.000 euros cuando hablamos de lesiones personales? La experiencia demuestra que no. Los accidentes no avisan y, en muchos casos, las indemnizaciones que dictan los tribunales superan con creces esa cuantía mínima.
De hecho, en el mercado asegurador se ofrecen pólizas con coberturas mucho más amplias porque las compañías han comprobado que las compensaciones medias por accidentes de cierta gravedad se sitúan con facilidad por encima de los 600.000 €, y en situaciones de invalidez permanente o secuelas severas pueden superar incluso el millón de euros. Cantidades que quedan muy lejos de lo que cubre el seguro obligatorio.
Más allá de la responsabilidad civil
Otro aspecto clave es que la cobertura mínima exigida por ley no incluye los daños propios del cazador ni los desperfectos en el arma. Esto significa que, si el propio cazador resulta herido, fallece o queda inválido, el seguro básico no asumirá los gastos médicos ni las indemnizaciones correspondientes.
Con una póliza ampliada, en cambio, se pueden cubrir:
Gastos sanitarios derivados de un accidente.
Indemnizaciones para los familiares en caso de fallecimiento.
Compensaciones por invalidez.
Daños, robo o pérdida del arma.
Todo ello supone una diferencia enorme cuando se produce un siniestro.
La asistencia sanitaria y el papel de la Seguridad Social
En caso de producirse un accidente durante una jornada de caza, la persona lesionada será atendida por la Seguridad Social, como ocurre ante cualquier otro accidente. La asistencia sanitaria está garantizada en todo momento, independientemente de la causa de la lesión.
Ahora bien, una vez prestados los servicios médicos, la Seguridad Social reclamará el coste de la atención sanitaria a la compañía aseguradora del cazador, siempre que este disponga del seguro obligatorio de responsabilidad civil. Es decir, el sistema público adelanta la asistencia, pero no asume definitivamente el gasto cuando existe un seguro que debe responder por ese accidente.
En el supuesto de que el cazador no cuente con el seguro obligatorio, la Seguridad Social puede repercutir esos gastos directamente al propio lesionado, lo que puede traducirse en facturas muy elevadas, incluso en accidentes aparentemente leves.
Este aspecto refuerza la importancia de contar no solo con el seguro obligatorio en vigor, sino también con coberturas ampliadas, ya que los costes sanitarios derivados de un accidente cinegético pueden alcanzar cifras muy significativas y acabar repercutiendo en el cazador si la póliza contratada resulta insuficiente.
Una inversión pequeña para una gran tranquilidad
Mutuasport, entidad especializada en seguros para la actividad cinegética, insiste en que una póliza bien diseñada tiene un coste asumible y puede evitar problemas económicos muy serios. Salir al campo únicamente con el seguro obligatorio supone asumir el riesgo de tener que responder con el propio patrimonio si se causa un daño importante a un tercero.
Aunque cada vez son más las voces que reclaman una actualización de la legislación para elevar el importe del seguro obligatorio, la realidad actual obliga a los cazadores a informarse bien y valorar algo más que el precio.
Como recuerdan desde el sector: los cazadores conocen el terreno y la fauna, pero no siempre conocen en detalle qué cubre su seguro ni hasta dónde llegan sus responsabilidades.
Invertir en una buena póliza es, probablemente, uno de los gastos más rentables de toda la temporada: coberturas de responsabilidad civil que pueden alcanzar el millón de euros, indemnizaciones por daños propios de hasta 60.000 euros, protección del arma, defensa jurídica o incluso seguros para perros de caza y aves de cetrería. En definitiva, una forma de practicar la caza con la máxima seguridad y tranquilidad posibles.




