Desde Mutuasport queremos hoy contar la historia de una entidad que ha convertido la gestión cinegética en una forma de cuidar uno de los ecosistemas más valiosos de Europa. La Sociedad de Cazadores de Lebrija que lleva décadas demostrando que cazar con conciencia y conservar el territorio no son contradictorios. Son la misma cosa.
Entre Doñana y la campiña: un territorio de excepción
Lebrija, en la provincia de Sevilla, ocupa uno de los enclaves naturales más estratégicos de la Península Ibérica. Su término municipal se extiende entre la marisma del Guadalquivir y la campiña andaluza, en un entorno que sirve de nexo vital entre el Parque Nacional de Doñana y las rutas migratorias que conectan Europa con África.
La Sociedad de Cazadores de Lebrija gestiona más de 12.000 hectáreas de este territorio: 7.000 en marisma, lindando directamente con Doñana, y 5.000 en campiña. Con más de 300 socios y una estructura consolidada de guardería, es hoy uno de los referentes cinegéticos más importantes de la provincia de Sevilla y un modelo reconocido a nivel nacional de gestión sostenible.
Pero su historia no se explica solo en cifras. Se explica en el vínculo profundo que une a sus socios con esa tierra, construido durante décadas de trabajo, de conocimiento acumulado y de un amor por el campo que no necesita justificarse.
El pato más amenazado de Europa: la cerceta pardilla
Si hay un hecho que resume la dimensión del compromiso de la Sociedad de Lebrija con la conservación, ese es su participación en el Proyecto LIFE Cerceta Pardilla. 
La cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris) es el pato más amenazado de Europa. Una especie cuya supervivencia depende de la existencia de humedales bien conservados y de gestores del territorio que estén dispuestos a adaptar su actividad a las necesidades de la fauna. La Sociedad de Lebrija firmó el primer acuerdo de custodia de Andalucía para la conservación de esta especie, asumiendo compromisos concretos en la gestión de sus acotados.
Pero el gesto más llamativo llegó en el verano de 2025. Los cazadores de Lebrija construyeron con sus propias manos los jaulones de aclimatación necesarios para recibir a 26 ejemplares de cerceta pardilla que iban a ser liberados en sus acotados. Sin incentivo económico. Sin cámaras ni reconocimiento público. Solo por el compromiso con el territorio que llevan dentro. 
La liberación fue un éxito. Y hoy, las marismas de Lebrija son uno de los puntos de partida de la recuperación de esta especie en toda Andalucía.
60.000 litros al mes: agua para la vida
El verano en las marismas andaluzas puede ser despiadado. Las temperaturas superan los 40 grados, las charcas se secan, el barro se agrieta y la fauna queda expuesta a una presión que puede ser letal.
En ese momento crítico, los guardas y socios de Lebrija hacen algo que muy pocos ven: cargan sus vehículos con cubas de 1.500 litros y recorren el coto kilómetro a kilómetro para mantener activos más de 150 bebederos y comederos repartidos por el territorio. El resultado es un esfuerzo de más de 60.000 litros de agua al mes distribuidos durante los meses de máximo calor.
Perdices, conejos, pequeños mamíferos, insectos, aves protegidas… toda la fauna del coto encuentra en esos puntos de agua una oportunidad para sobrevivir a la sequía. Una sequía que, en el contexto del cambio climático, ya no es un episodio excepcional sino una realidad creciente.
«El agua aquí lo es todo. Sin ella no hay fauna, y sin fauna no hay campo. Nosotros no cazamos si el campo sufre», dice el presidente de la sociedad de cazadores.
La Balsa de Don Melendo: un oasis construido con paciencia
A pocos kilómetros del casco urbano de Lebrija, la Balsa de Don Melendo es hoy uno de esos lugares que sorprenden a quien llega sin esperarlo. Un humedal artificial nacido en 2003 como infraestructura de regadío que, gracias a la gestión activa de los cazadores y a una reforestación cuidadosa con especies autóctonas, se ha transformado en un refugio de biodiversidad de primer orden.
Miles de aves migratorias utilizan este espacio como escala en sus rutas entre Europa y África. Fue también el escenario de una de las liberaciones de cerceta pardilla más importantes del programa LIFE en Andalucía. Y todo ello en un enclave que, sin la mirada conservadora de los cazadores, podría haber quedado en una simple balsa sin vida.
La Balsa de Don Melendo es la prueba de que la gestión cinegética, cuando se hace bien, puede crear patrimonio natural donde antes no existía.
La jornada de ojeo: tradición, gestión y comunidad
La caza en Lebrija no se entiende sin el ojeo de perdices, una tradición arraigada que cada temporada reúne a cazadores, batidores y familias del pueblo en torno a una jornada que es, a la vez, fiesta y gestión.
Los batidores, muchos de ellos vinculados a la sociedad desde hace generaciones, conocen el campo como la palma de su mano. Los jóvenes que se incorporan aprenden de los veteranos no solo a cazar, sino a leer el territorio, a entender los ciclos de la fauna y a respetar los límites que hacen posible que el recurso se renueve año tras año.
Porque la caza sostenible en Lebrija implica exactamente eso: reducción de jornadas cuando la población de perdiz lo requiere, limitación de cupos, vigilancia activa. Una gestión adaptativa que toma decisiones en función del estado real del campo, no de los deseos de los cazadores.
El compromiso que va más allá del monte
Durante la pandemia del COVID-19, cuando el mundo se detuvo y los pueblos más pequeños sufrieron con especial dureza la escasez de recursos, la Sociedad de Cazadores de Lebrija donó 10.000 mascarillas al Ayuntamiento de Lebrija para proteger al personal esencial y los grupos de riesgo.
Un gesto que dice mucho de lo que esta sociedad es en realidad: no solo una entidad cinegética, sino una parte activa de la comunidad que la rodea. Una institución que siente el pueblo como propio y que, cuando el pueblo necesita, responde.
El relevo generacional: una historia que se hereda
En Lebrija, la caza se transmite como se transmiten las historias importantes: de padres a hijos, de abuelos a nietos, alrededor de una mesa o caminando juntos por el campo.
La tesorera de la sociedad lleva la historia en la familia: su marido fue presidente, y le hizo prometer que seguiría. Sus hijos y nietos continúan hoy ese legado. Hay batidoras que llegan al campo con sus hijos, jóvenes cazadores que aprenden de los mayores sin prisa, socios fundadores que recuerdan cómo era el territorio hace décadas y que han visto cómo cambiaba, para bien y para mal.
Esa memoria viva es también un recurso de conservación. Porque quien sabe cómo era el campo hace treinta años puede entender mejor qué está pasando hoy y qué hay que hacer mañana.
Un reconocimiento que hace historia
Todo ese trabajo silencioso terminó recibiendo un reconocimiento institucional de enorme valor. El 20 de febrero, la Sociedad de Caza Lebrijana recibió la Bandera de Andalucía al Mérito Medioambiental de la provincia de Sevilla, concedida por la Junta de Andalucía durante el acto oficial celebrado en el Real Alcázar de Sevilla con motivo del Día de Andalucía.
Con este galardón, los cazadores lebrijanos hicieron historia al convertirse en la primera sociedad de cazadores de la provincia de Sevilla reconocida oficialmente por su labor en favor de la protección y conservación del medio ambiente. Un reconocimiento que no premia una acción aislada, sino décadas de gestión responsable del territorio y de compromiso con la biodiversidad.
La distinción pone en valor una trayectoria marcada por la conservación activa de la caza menor, la recuperación de hábitats y su implicación en proyectos como el LIFE Cerceta Pardilla, del que la Sociedad de Cazadores de Lebrija fue pionera al convertirse en el primer colectivo cinegético andaluz en firmar un acuerdo de custodia del territorio para la conservación del pato más amenazado de Europa.
Durante el acto, la delegada territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Inma Gallardo, junto a la delegada territorial de Agricultura, María Isabel Solís, entregaron la Bandera de Andalucía al presidente de la sociedad, José Antonio Monje, destacando a la entidad como un referente en la conservación del medio natural, la protección de la caza menor y, especialmente, de la perdiz roja.
Como señaló entonces Fernando Gutiérrez, delegado provincial de la Federación Andaluza de Caza en Sevilla, «este reconocimiento es un homenaje a todos los cazadores sociales que, con su trabajo y compromiso diario, demuestran que la caza es una actividad imprescindible para la conservación del medio natural y para la vida en la Andalucía rural». Unas palabras con las que también quiso recordar la figura de Manolo Nogales, cuyo trabajo y dedicación fueron decisivos para construir el modelo de gestión que hoy convierte a la Sociedad de Cazadores de Lebrija en un referente nacional.
Un modelo para todo el país
La Sociedad de Cazadores de Lebrija ha demostrado con hechos lo que muchos defienden con palabras: que los cazadores son los gestores más comprometidos del territorio rural. Que la caza social, ética y bien regulada no es una amenaza para el entorno, sino su mejor aliada.
Desde Mutuasport, nos sentimos orgullosos de estar al lado de entidades como esta. De las personas que, antes de que salga el sol, ya están en el campo cuidando lo que el resto de la sociedad da por garantizado. De los guardas que distribuyen agua en pleno agosto. De los socios que construyen jaulones con sus manos para dar una oportunidad a una especie en peligro. De quienes entienden que conservar el campo es conservar también una forma de vida, una identidad y un futuro.
El pato más amenazado de Europa vuela hoy sobre las marismas de Lebrija. Y en buena medida, es gracias a ellos.
Mutuasport apoya la labor de la Sociedad de Cazadores de Lebrija y de todas las entidades cinegéticas comprometidas con la gestión sostenible del territorio en colaboración con la Federación Andaluza de Caza.




